Historias extraordinarias y encuentros fugaces en la Ciudad de la Luz

¿Qué tan a menudo les pasa que una completa extraña les cuenta su reciente drama romántico  y luego pregunta si se han enamorado? Suena como a algo que sucedería en una película de Woody Allen o uno de mis tan adorados y sosos chick flicks. Yo no supe que contestar. Creo que nunca me había puesto a pensar en eso a profundidad, a decir verdad. Caminábamos justo al lado del Templo del Amor, en los jardines de Versalles, donde la cúpula que aguarda la réplica de la escultura de Cupido fabricando su arco con la maza de Hércules del escultor francés Edmé Bouchardon está rodeada de una columnata redonda realizado en mármol, y que se dice que María Antonieta podía observar desde su alcoba en el Pequeño Trianón. ¿Yo qué podía decir? Darle  una respuesta negativa a la desconocida que me abordó hacía unas horas atrás, preguntándome dónde estaban los Dominios de la Reina justo cuando miraba mi mapa en la Fuente de Apolo era como darle una respuesta negativa a todo lo que creo del romance, en la famosísima Ciudad del amor (aunque técnicamente, Versalles se encuentra a 21 kilómetros de la capital gala). En ese momento empecé a cuestionarme si la decisión de dejar acompañarme por Sabrina, la chica libanesa que acababa de romper con su novio, era una decisión sabia.

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Llegué a París en Navidad junto con tres compañeros de viaje, cada uno con una mochila que pesaba fácil más de diez kilos pero que ya con cansancio se sentían como 50. Cortos de dinero, agotados de la ciudad que veníamos de visitar con anterioridad, pero con unas ganas incontrolables de visitar la Torre Eiffel, el Museo de Louvre, el Palacio de Versalles, Montmartre y cualquier punto turístico que habíamos visto en las películas, leído a través de varios autores y soñando que nos acompañara la melodía de algún acordeón para sentir que el recorrido fuera tal cual como si estuviésemos  dentro de una película hollywoodense.

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Catedral de Notre Dame

paris_aAyuntamiento de París

Lo primero que hicimos fue visitar la Torre Eiffel, era de noche, lloviznaba pero no hacía tanto frío como pensábamos que habría. La construcción del ingeniero francés Gustave Eiffel se encontraba iluminaba por lo que son 5 billones de pequeñas cálidas que ofrecían un espectáculo increíble, alternaban velozmente hasta parecer que bailaban, 324 metros de alto se erigían ante nuestros ojos tan imponente como se aprecia en todas las imágenes por la cual la reconocemos. Había poca gente debajo de la torre y observándola sin miedo a la lluvia, encontramos a otro grupo de mexicanos que vinieron a saludar tan inesperadamente a como se esfumaron, como los encuentros con extraños que se hacen en todos los viajes. A pesar de ser navidad, no encontramos ningún festejo cercano al cual unirnos con extraños, cenamos kebabs y fuimos al hostal donde nos esperaba nuestro cómodo catre sucio de 25 euros la noche (¡Ahh sí! Eso a veces pasa cuando se viaja con mochila al hombro y muy económicamente). Al día siguiente nos esperaban más cosas (y con suerte, no despertaría con ronchas en la piel).

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Alrededor de  15, 2 millones de turistas visitan Paris anualmente, es una de las ciudades más visitadas en el mundo; sus museos, monumentos, calles, cafés e historia atraen a cualquiera que guste de lo bohemio, enigma e historia que ha vivido esta ciudad en Francia… o quizá a cualquiera que crea tanto en el romance de películas. La capital de Francia recibe el nombre de “La Ciudad de la Luz” y es que citando a Gil Pender, el protagonista soñador de “Medianoche en París”: «… si miras alrededor de cada calle, cada bulevar, tiene una forma de arte especial y cuando piensas que en el frío, violento y absurdo universo existe  París, y estas luces, ¡digo, vamos!, no hay nada ocurriendo en Júpiter o Neptuno, pero lejos en el espacio puedes ver estas luces, el café, gente bebiendo y cantando. Es posible que, París sea el sitio más apasionado en el universo.»  Farolas de luces amarillas cubren las calles de esa fascinante ciudad, que por las noches parece tener un brillo especial.

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Tomar el metro para ir a todos lados: una opción en la visita a París

Distinto a lugares anteriores, no fue posible para mi pequeño grupo de compañeros de viaje y para mí que nuestros pies fueran el transporte más económico para trasladarnos por la ciudad. A nuestra llegada adquirimos una tarjeta para movernos en metro y tren que nos resultó muy cómodo. A la mañana siguiente de nuestra llegada, como buenos turistas fuimos al Arco del Triunfo, el impresionante monumento ordenado a construir por Napoleón Bonaparte y cuya azotea sirve como mirador, es un punto en el que convergen varios caminos si se mira un mapa de París, exactamente doce avenidas.

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¡Tarán! El famoso Arco del Triunfo

Como bien la tarjeta que adquirimos recién llegados a París nos incluía viajes ilimitados en metro y ciertas rutas del tren por los días de nuestra estancia, tomábamos el subterráneo a la menos provocación y oportunidad. Fue así como nos trasladamos a Plaza de Trocadero, para cumplir con el objetivo de todo turista de hacernos las fotos más bonitas con la Torre Eiffel como fondo (y claro, si es que puedes evitar que salga el resto de turistas que como tú que intentan tomar una buena foto individual con la Torre en alguna de tus fotografías).

Pasando por el Puente Alejandro III, símbolo de la Belle Époque que cruza el río Sena y que une al Gran Palacio de París, el Petit Palais y una gran explanada,  nos dirigimos rumbo al Palacio Nacional de los Inválidos, cuyo primer uso fue albergar a soldados franceses retirados ….  y que en la actualidad se desempeña como Museo del Ejército, Museo de Historia Contemporánea y donde yacen los restos de Napoleón.

 

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Detalle del Puente Alejandro III

dscn0312Cualquiera que tenga conocimiento que existe París y esté allí de visita turística, tendrá casi que como una obligación tener a la Avenida de los Campos Elíseos como una caminata necesaria para poder observar y experimentar el ritmo de la ciudad que atraviesa a lo largo de 1910 metros. O al menos eso hicimos nosotros. A nuestro paso nos topamos con los olores de crepas y demás golosinas para el visitante y el barullo de la gente en cada puesto ordenando.

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Llegamos a la Plaza de la Concordia; originalmente llamada Plaza Luis XV, la segunda plaza más grande de Francia fue un escenario importante de la revolución francesa (durante ese periodo se llamó “plaza de la Revolución”), en esa misma ejecutaron a Luis XVI y María Antonieta. En la actualidad, es un punto emblemático de la ciudad. Al sureste de la plaza se encuentra la Fuente de los Mares, al centro el obelisco de Luxor y al noreste la Fuente de los Ríos. Las fuentes conmemoran el comercio marítimo, la industria, la navegación y el comercio en los ríos de Francia.

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Frente a la Concordia, caminamos por los famosos Jardines de las Tullerías y realmente sin intención alguna, terminamos frente a la icónica Pirámide del Louvre. No planeamos ese día la excursión para el Louvre, y aunque hubiéramos querido, cuando llegamos estaba cerrado. La visita para el museo la agendamos para el día siguiente; el plan era, levantarse muy temprano para visitar Versalles y regresar a París a eso de las 4 de la tarde para visitar el Museo de Louvre y si quedaba tiempo, ver por fuera el famoso Moulin Rouge. Con el plan hecho, decidimos ir a Montmartre para ver la ciudad alumbrada desde la bella colina y concluir el día de esa manera.

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Pirámide del Louvre
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La Ópera Garnier, en París
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Basílica del Sagrado Corazón

 

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Vista desde Montmartre

En lo que sería nuestro penúltimo día en París, partimos muy temprano rumbo al Palacio de Versalles. El imponente recinto está ubicado en el municipio de Versalles, muy cerca de Paris, mandado a edificar por Luis XIV es sin duda identificado por una de sus más famosas y polémicas inquilinas: María Antonieta de Austria.

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“Hay mucha gente en Versalles hoy” se dice que enunció Maria Antonieta al encontrarse con la favorita del Rey, Madame du Barry en la corte. Esto como un gesto para calmar las aguas y no hacer enfadar al monarca al no entablar conversación con du Barry, puesto que a la princesa no le parecía adecuada la relación entre la cortesana y el Rey.

Versalles es sin duda impresionante, es un complejo de jardines, parques y palacios. En esa ocasión, pecamos de ambiciosos al querer recorrer todo en un día… íbamos a fracasar rotundamente, pero éramos cuatro personas con intereses distintos; decidimos separarnos y vernos a las 4 de la tarde en la estatua de Luis XIV, en la explanada del castillo.

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Retrato de Maria Antonieta

Yo eché una ojeada por dentro del castillo, pero realmente mi objetivo era visitar el denominado Dominio de la Reina, así que salí corriendo rumbo a ello. Estaba justamente tratando de ubicarme y marcar los puntos que quería visitar mientras miraba el mapa, cuando una chica con un acento muy marcado me preguntó si sabía dónde estaban los Dominios de la Reina. Levanté la mirada del mapa. Era invierno, llevaba una ushanka café, que combinaban con sus botas de piel café y abrigo del mismo color. Honestamente me hizo sentir ridícula con mi gorro de osito café (y es por eso que describo su atuendo). La combinación de su ropa me hizo recordar a una amiga mía que jamás salía de casa sin verse meticulosamente bien vestida, así que le di las indicaciones, y luego solté que yo de hecho, iba para allá. “¿Cómo te llamas?” preguntó con una cara amistosa, dije mi nombre y pregunte el de ella, “Sabrina, soy de Líbano”, “Soy de México” respondí. “Compartes el nombre con una de las películas más famosas de Audrey Hepburn, una de las más bonitas” empecé, como dato de trivia cinematográfica, “¿En serio? Jamás la he visto”, “¡Tienes que verla!”. En la caminata rumbo al Grand Trianon el relato histórico de la vida de María Antonieta iba siendo narrando por mí; en realidad no soy experta, pero he leído un par de libros y visto unas cuantas películas, y mi interlocutora sabía menos que yo… lo que para Sabrina significaba que yo era una buena guía para el recorrido.

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Fuente de Neptuno, en Versalles

La construcción del Grand Trianon, comenzó bajo el dominio de Luis XIV. Dado que le costaba adaptarse a la vida en la corte, el Petit Trianon fue dado a Maria Antonieta como un regalo de su esposo. Entre 1783 y 1786, por encargo de Maria Antonieta, fue construida una aldea que brindara a la reina y a sus acompañantes el cobijo de la vida rural. La Aldea de la Reina cuenta con un molino, establo y demás amenidades. Estos espacios eran un intento para olvidarse un poco de la etiqueta y relajarse.

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La Aldea de la Reina, Versalles

A punto de concluir el circuito del improvisado tour por los dominios de la reina, Sabrina empezó a contarme que ella estaba en París sola. No planeaba viajar sin acompañante; hacía poco tiempo que estaba comprometida, ella y su novio llevaban meses ultimando detalles del viaje que harían por Europa. Visitarían varios sitios y al regreso, presumía ella se casarían. Todo estaba listo, pero unas semanas antes del viaje, su novio rompió con ella. Se comportaba ya muy raro; poco cariñoso, distante y taciturno. Le dijo que ya no la quería y que necesitaba tiempo para pensar bien qué iba a hacer, ella le rogó para que viajaran juntos. “Quizá eso nos habría hecho bien”, me confesó casi en murmullo, pero él no cambió de parecer y ella decidió irse a París sola. En la habitación de algún hotel cerca  de los Campos Elíseos ella le habló por teléfono la noche anterior a visitar Versalles, cuando colgó la respuesta seguía siendo la misma. Después de contarme su historia, charlamos un rato más y nos despedimos deseándonos lo mejor, sabiendo que ese encuentro efímero fue parte de esas cosas extrañas que le pasan a uno en los viajes; donde un completo extraño te puede contar una historia increíble y al siguiente segundo, perderlo de vista sabiendo que no se encontrarán nunca más. Yo regresé con mis amigos, con la historia que acaba de escuchar deambulando en mi mente mientras regresamos a París en tren.

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Templo del Amor, Versalles

De regreso en la ciudad (y después de perdernos breve mente en la dimensión desconocida o en algún lugar entre París y Versalles), corrimos para visitar el museo de Louvre, y al encuentro de una famosa sonrisa. El Louvre, el museo de arte más visitado del mundo alberga en total 445,000 obras de arte, esculturas y  antigüedades de diversos orígenes. Con tan amplio material en exposición, es imposible ver todo en un solo día. Seguramente si se quiere recorrer el museo sesudamente, tendría que dedicársele al menos 3 días para poder apreciar a detalle las maravillas que se encuentran ahí.

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Dentro del Louvre
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La célebre Mona Lisa, de da Vinci en el Louvre
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El Louvre

En nuestro último día, despertamos muy temprano para ir a Père- Lachaise, el cementerio que aloja los restos de personajes famosos como Molière, Jim Morrison, Oscar Wilde, Èdith Piaf, Frederic Chopin, entre muchos más. Nuestro plan originalmente era visitar las tumbas de cuanta celebridad tuviéramos oportunidad, pero solamente visitamos la de Jim Morrison porque somnolientas y desorientadas, nos perdimos incluso hasta para llegar a la del célebre Rey Lagarto (y perdimos mucho tiempo perdidas).

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Tumba de Jim Morrison, en Père-Lachaise, París

Ahora que lo analizo, ese último día en París nos dedicamos a visitar personajes célebres muertos. Posterior de nuestra semi-infructuosa aventura en Père- Lachaise fuimos al Panteón de París, donde están los restos de Rousseau, Voltaire, Victor Hugo, Èmile Zola, Alejandro Dumas y demás mujeres y hombres ilustres de la historia en Francia. El monumento por si solo deja al visitante anonadado por su arquitectura y por su valor histórico.

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“Aux grands hommes la patrie reconnaissante”  (A los grandes hombres, la patria agradecida) en la inscripción. Panteón de París.
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Le Panthèon, Paris

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Fuente Médici, Jardines de Luxemburgo

Concluimos nuestra visita a la capital francesa visitando los Jardines de Luxemburgo, y después llegó el momento de despedirse de una ciudad que seduce a quien se deja, que a pesar de la glamurosa imagen que tenemos de ella, no es perfecta, pero que cuando se va caminando en la oscuridad de la noche iluminado por sus lámparas de luz cálida, uno siempre se puede permitir soñar que todo es posible; encuentros fugaces y extraordinarios, que el amor y el romance existen y lo pueden todo, y que París siempre estará allí, para brindarle ese sentimiento a quien así lo permita.

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+ Le video: https://youtu.be/cf9R_txfvmw

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