Entre el misterio y encanto: Londres

Seguro traigo una cara de sueño que se me nota de aquí a mil kilómetros de distancia”, pensé cuando descendimos del autobús en la estación Victoria, en Londres.

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Hola, Ben.

Era muy temprano, y estaba perdiendo la lucha por espabilarme lo más rápido posible. Siempre le admiré eso a Ivonne en cada viaje, cada ruta, era la que llevaba la batuta de la lógica, la organización y la practicidad. Y por supuesto que cuando salimos a la calle, a encontrarnos con esa ciudad cosmopolita, en la que si te paras embobado a ver para dónde vas a ir mientras que alguien en algún momento acabará tropezándose a toda prisa contigo, ella fue la brújula desde el primer instante.

Dejamos las maletas en el hostal, salimos a toda prisa a desayunar algo barato… Y fuimos al encuentro con nuestros compañeros de viaje, tratando de llevarle el ritmo al ciudadano londinense  para llegar al encuentro con los otros, y reunirnos frente al imponente Palacio de Buckingham, para ver el cambio de guardia. Frescos y recién bañados Palmira y Gerardo nos saludaron sonrientes, e intercambiamos historias del traslado hasta la capital de Inglaterra. Cuando toqué la pantalla del teléfono celular para ver la cámara de frontal, la imagen que vi me horrorizó: ojerosa, el rostro y cabello grasoso me reconocí a mí misma con la estatua de la Reina Victoria a mis espaldas y me avergoncé de mi misma, ya que comparada con la efigie yo lucía con menos dignidad, solemnidad y porte. Decidimos, Ivonne y yo (las chicas más demacradas de todo Londres en ese momento) tomarnos fotos, pero que la virtualidad de las redes sociales nunca conocieran ese momento en el que no lucíamos precisamente arregladas. Luego, el maquillaje, fiel soldado de la vanidad, nos ayudaría enormemente a lucir una cara más alegre en las fotografías.

 

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Victoria Memorial de frente al Palacio de Buckingham  

Poco antes del anunciado cambio de guardia, la gente comenzó a aglutinarse en la reja del frente a la facha del palacio. Como el resto de los turistas, hicimos lo propio, y debo (como  poquísimas veces) agradecer a mi baja estatura que pude escabullirme hasta el frente, teniendo una vista privilegiada y logrando aferrarme a los barrotes de la reja como una loca. Ser bajita me dio la ventaja para fotografiar el cambio de guardia sin brazos o cabezas de personas que se interpusieran en mi vista. Con orquesta y ejecutando con absoluta precisión sus pasos, la guardia con sombrero de pelo de oso, llevó a cabo su protocolo como estaba planeado.

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La ceremonia del cambio de guardia dura casi 40 minutos

 

Luego, decidimos ir al reconocido símbolo de Londres, el Big Ben. Caminamos por el Támesis rumbo al London Eye mientras el sol se ocultaba detrás del Parlamento y la gente paseaba a las orillas del río. Para cuando llegamos a Trafalgar Square, la noche era el telón de los villancicos navideños que alegraban la plaza y el ambiente. Estando allí, entramos a la Galería Nacional, que con una colección de más de 2300 pinturas es una de las principales atracciones londinenses.

 

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Trafalgar Square en vísperas navideñas

Luego del encuentro con Degas, Rembrandt, Botticelli y otros, con mapa en mano, nos dirigimos a Picadilly Circus, la plaza de los grandes anuncios luminosos y la pequeña estatua de Eros apuntando con su flecha.  Justo ahí, en una tienda de suvenires que está en la plaza, en un abrir y cerrar de ojos, perdí de vista a Gerardo, Palmira e Ivonne cuando salí brevemente del establecimiento a hacer unas fotos. En ese momento no me preocupé, no fue sino segundos después cuando entré de nuevo a la tienda de suvenires en la que estábamos y no los vi por ningún rincón del lugar que empecé a ponerme un poquito nerviosa, salí de nuevo, los busqué por la estatua y a todo lo ancho del pequeño sitio, empecé a ponerme en serio ansiosa, entré de nuevo desesperada a la tienda de suvenires y ¡nada!, salí de nuevo a la calle y parecía que mis compañeros se habían esfumado de la faz de la tierra. Empecé a temer por los posibles escenarios para regresar sola al hostal, dado que no soy la persona más orientada del mundo. Entré por cuarta vez (¿o la tercera? Perdí la cuenta debido a la angustia) a la tienda de suvenires cuando vi a Ivonne mirando unas camisetas, aparentando temple de acero y con mis palpitaciones volviendo a la normalidad, le conté que los había perdido y que pensé que me habían dejado, a lo que Ivonne se limitó a sonreír un poco  y a decir “estábamos en la planta baja” y continuó mirando suvenires. Por supuesto, con mis otros dos compañeros no me atreví a admitir mi lapso de desesperación y salimos de la tienda como si nada a seguir explorando Regent Street. Caminamos a lo largo de la calle, un incidente similar al mío nos ocurrió cuando perdimos de vista a Palmira por el Apollo Theatre, pero ella regresó  completa y consciente de haberse alejado, sonriendo y diciendo que estaba tomando unas fotos (al parecer todos estábamos destinados a perdernos en ese viaje por tomar fotos).

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Piccadilly Circus 

 

Al día siguiente, pasamos por el  Diana Memorial en Hyde Park,  mientras nos dirigíamos hacia Portobello Road, donde se hace un festín de olores, sonidos y ritmos que te llevan directamente al mercado sabatino de Notting Hill. No voy a mentir, yo estaba bastante más emocionada que el resto de mis acompañantes de estar ahí, la lluvia constante creo que pudo influir en el ánimo de los otros, pero el cine y sus historias siempre han tenido una gran influencia en el conglomerado de emociones que forman mi vida diaria, por supuesto que iba a estar emocionada de estar allí.

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Notting Hill  es un barrio con mucho encanto

El mercado de Portobello se coloca cada sábado en el área de Notting Hill. Vinilos, cámaras fotográficas antiguas, libros, hasta vajillas antiguas se pueden encontrar en el famoso paseo de este barrio. Quizá lo más curioso de Notting Hill es que refleja ese contraste de culturas, olores y sonidos que hacen de Londres una ciudad multicultural, además de su arquitectura característicamente inglesa; casas con ventanas largas con marcos de madera blanca, colores oscuros o colores pasteles. Construcciones en donde bien uno se puede imaginar a la Señora Figgs cuidando de Harry Potter cuando los Dursleys se fueron de casa, o bien a Bridget Jones tomando vino mientras piensa en Mark Darcy, o a Elizabeth Bennet de visita en casa de su tía en Londres… tantos personajes, ficticios y reales, narrando sus historias en una sola ciudad.

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 Mercado de Portobello 

El cielo de Londres es celoso de mostrar el sol, y se crea un ambiente propicio de nostalgia, misterio y encanto. Con la amenaza constante de llovizna, nos dirigimos rumbo a Hyde Park otra vez. En el invierno, el color rojizo de la fachada frente al estante del Palacio de Kensington resalta de las nubes grises. Después de caminar un poco más por el parque, paramos frente al imponente edificio de forma oval. El Royal Albert Hall es una sala de conciertos y parte de la arquitectura más emblemática de Londres,  ha albergado en su recinto diversos tipos de espectáculos y eventos.

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Jardines de Kensington

 

Además de las atracciones al aire libre, en la ciudad con el servicio de metro más antiguo del mundo, se puede visitar varios museos de manera gratuita. Por la cercanía en la que nos encontrábamos, decidimos hacer una parada por el Museo de Ciencias; el gigantesco lugar tiene diversas salas dedicadas a mostrar varios campos de la ciencia. Allí nos detuvimos un rato para explorar un poco del recinto. Luego, paramos en el Museo de Alberto y Victoria, donde se exponen increíbles esculturas, trajes, pinturas y demás tipo de arte decorativo que resulta un dulce exquisito  para el goloso visual. Para finalizar el tour de ese día, y por vivir la aventura del turista total, entramos a Harrods, a sentirnos extremadamente quebrados de dinero y a divertirnos un poco con el frenesí consumista que se vivía por las épocas decembrinas en la tienda.

¿No es Londres una ciudad maravillosa? Es decir, ¡la arquitectura, la gente, el ritmo, la música oculta! ¡La mezcla de culturas, los teatros! ¡Bridget Jones, Harry Potter, Sherlock Holmes! (Puede que yo asocie Londres con esos personajes, dispense) ¡Sus grandes monumentos, atractivos turísticos y edificaciones: El Big Ben, El Parlamento, The London Eye, La Torre de Londres, Hyde Park, Piccadilly Circus, Notting Hill, Colin Firth! (Por supuesto, nunca hay que dejar de decir que el eterno Señor Darcy por excelencia es un monumento propio de la cultura inglesa). ¡En fin!

En nuestro último día, despertamos temprano y nos dirigimos rumbo a la City de Londres para seguir nuestra exhaustiva excursión a pie, pararnos un rato a ver la Catedral de San Pablo (St. Paul’s Cathedral)  y visitar la mítica Torre de Londres (en donde dicen que el fantasma de Ana Bolena pasea por los recintos con su cabeza en las manos) y el famoso Puente de la Torre. Con el Támesis como nuestro acompañante y guía, cruzamos el puente y olvidamos un poco la ruta más fácil para llegar al Big Ben, para sentarnos a descansar a las orillas del río y reconocer de Harry Potter el Puente del Milenio. Cayendo la tarde sobre nosotros, emprendimos el retorno al sitio donde nos hospedábamos, no sin antes despedirnos con una postal del Big Ben iluminado por las luces nocturnas y esa veloz ciudad en nuestros recuerdos.

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Tower Bridge
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